“Emblemàtic”,
“impactante”,“amazing”, “fantastike”, “spettacolare”. Se sentirá halagado si
decide acercarse a la Montaña Pelada, la actual Colina del Carmel. Poco después
se le hará difícil creer que dichos adjetivos se destinan a usted, ya que
pronto se encontrará con alguna de las seis entradas que abren paso al Park
Güell, y créame, no van a dejarle indiferente.
Si no se fían de mi gusto
arquitectónico, y están en todo su derecho, fíense del de la UNESCO, pues lo
declaró Patrimonio de la Humanidad en 1984. Dicho esto no hay que sorprenderse
al saber que el Park Güell es una atracción turística para gente de todo el
mundo, convirtiéndose así en uno de los signos de identidad más importantes de
Barcelona.
Los afortunados que hayan podido
adentrarse en él, sabrán qué se siente al perderse por sus caminos, al
olvidarse de todo y dejar volar la imaginación tumbado en su césped o al
creerse el más poderoso del mundo con la ciudad de cielo rosa a sus pies y
saludando a un enorme sol que se despierta en el Mediterráneo, también
colorado, como nunca antes lo habían visto.
Algunos curiosos se habrán
preguntado el porqué de tantos caminos, plazas, torres e incluso lo que pretendía
ser una capilla (El Calvario) en el interior de este espectáculo gaudiniano. Estas
instalaciones específicas se corresponden con el caprichoso y especulativo
objetivo del empresario Eusebi Güell, quien mandó a Antoni Gaudí crear una
ciudad-jardín para vender sus parcelas edificables. Dicha obra se dio por
fracasada en 1914, hasta que en 1926 se convirtió en un lugar público como lo
conocemos ahora.
Molt recomanable anar! Interessant article! :)
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