martes, 25 de septiembre de 2012

Un pequeño acercamiento


  
“Emblemàtic”, “impactante”,“amazing”, “fantastike”, “spettacolare”. Se sentirá halagado si decide acercarse a la Montaña Pelada, la actual Colina del Carmel. Poco después se le hará difícil creer que dichos adjetivos se destinan a usted, ya que pronto se encontrará con alguna de las seis entradas que abren paso al Park Güell, y créame, no van a dejarle indiferente.

Si no se fían de mi gusto arquitectónico, y están en todo su derecho, fíense del de la UNESCO, pues lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1984. Dicho esto no hay que sorprenderse al saber que el Park Güell es una atracción turística para gente de todo el mundo, convirtiéndose así en uno de los signos de identidad más importantes de Barcelona.

Los afortunados que hayan podido adentrarse en él, sabrán qué se siente al perderse por sus caminos, al olvidarse de todo y dejar volar la imaginación tumbado en su césped o al creerse el más poderoso del mundo con la ciudad de cielo rosa a sus pies y saludando a un enorme sol que se despierta en el Mediterráneo, también colorado, como nunca antes lo habían visto.

Algunos curiosos se habrán preguntado el porqué de tantos caminos, plazas, torres e incluso lo que pretendía ser una capilla (El Calvario) en el interior de este espectáculo gaudiniano. Estas instalaciones específicas se corresponden con el caprichoso y especulativo objetivo del empresario Eusebi Güell, quien mandó a Antoni Gaudí crear una ciudad-jardín para vender sus parcelas edificables. Dicha obra se dio por fracasada en 1914, hasta que en 1926 se convirtió en un lugar público como lo conocemos ahora. 

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